mayo 8, 2012

Decálogo para infartos mediocres:


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Microbios lunares que asechan el aserradero:

¡Desplieguen su tumba, no permitan que les roben la muerte!

Si son algo es porque van a morir, ¡así que maten antes de sucumbir ante el otro!

Si en las calles ven un ser, ¡no lo duden!, merece morir, pero no merece que ese ponga finitud a tu vida!

¡Deja que el sexo se deslice por los lindes púbicos, con sus vaivenes de mística envergadura que sollozan por los más intrínsecos orifícios!

Has del médico un hipocondriaco, un enfermo al que le gusta enfermar al prójimo: si el médico vive es de la enfermedad.

Escupe tu patria, ¡enférmala!, si tu médico vive es de tapar con parches la cárcel que envenena la libertad del sujeto. ¡Muerte al galeno, vida al enfermo!

No aspiren a tocar luna, no dejen que sus pies se eleven del suelo: su madre es la tierra, y negarla es morir.

Respira sangre cuando escribas, porque solo de ella brota la vida: “Escribe con sangre y sabrás que la sangre es espíritu”. Nietzsche.

El padre del mal moderno: Dios, quien colonizó las mentes de los enfermos.

abril 6, 2012

Tropos entropía


 

 

 

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En algún lugar de Bogotá, cuyo nombre no quiero acordarme, vivía una puta de las de escote y minifalda, cabello largo, medias veladas y labios coloreados. Un arriendo de cincuenta mil pesos, chapa con cerrojos y pasador, tres hijos malnutridos y agua de panela con pan entre semana, consumían las tres partes de su vida. El resto de ella concluía con cerveza y ron, música de gamonales, cuerpos dóciles y débiles carcomidos por la sevicia, y semana santa ocupada en orgasmos de vigilia… 

agosto 21, 2011

El noctívago


Pedro camina por la calle muy nervioso y divisa una prostituta en la acera del frente. Mira hacia los lados, se ha puesto ropa oscura para no ser reconocido en la penumbra de la noche. Acaba de salir del trabajo, es vendedor de  pensiones y cesantías de una reconocida empresa, éste día no ha tenido fortuna puesto que no ha podido vender nada. Solitario entonces buscó la calle diez y nueve, la calle famosa Leer más »

marzo 3, 2011

De juegos y putas.


Estábamos decididos a hacer algo esa noche, así nos robaran o nos pasara algo terrible. El problema no era que nos robasen o matasen, el problema para nosotros era superar el miedo a la muerte, o al menos era mi molestia porque detectaba mucha seguridad en David. Sentados en el diván armoniosamente, con el silencio de la vacuidad rellenando nuestras palabras nos exasperábamos. Aunque yo dijera que quería ir a caminar no lo decía porque temía al dolor, a la nada, a la contumacia contra un futuro, a los desmanes y el descontrol.

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febrero 27, 2011

Lluvia de distancias


Las falanges se me resbalan sobre un teclado plástico de una máquina moderna a la que le atribuyo poder imaginarte con la ayuda de tu voz. Disco tu número. ¿Pero, dónde estás? Tanto enredo me desconcierta. Está tu voz y no está tu cuerpo. Te pienso lejana, distante, allí en algún lugar sentada o de pié. Quizás en medio de esta lluvia aguardes tu cuerpo bajo el dintel de la puerta de tu casa imaginándome en el centro de la ciudad. No sé como me imaginas pero para mí tu voz es como un arpón delicado que me pesca: muerdo el anzuelo debajo del acuario que forma la lluvia. ¿Dónde estás? No estabas cuando quería verte, solo Leer más »

febrero 25, 2011

Fuego del circo


Por poco las ascuas de esos payasos devuelven al público al mundo verdadero, faltó solo perder la concentración para dejar quemaduras espantosas a los asistentes y algunas cuantas columnas amarillistas. Nada de payasos, ellos eran clowns, no vivían en este mundo. Estas gentes pintadas y travestidas tenían un halo hechicero, desde su color hasta su música. ¿De dónde venían? Eso no importa, nacieron y murieron ahí, en su acto, en La Calle Séptima, un viernes en la noche. Leer más »

octubre 9, 2010

Los cogitos del mal


Presentum a vustredes mio intelectuallum trabajum. Luegum de morir pensandum descubrus la logiquem vitae de los humanus. Alabaos mium trabajere.

Cogito Ergo…Me Compliqus le existences Leer más »

octubre 9, 2010

El juego de las colonias


 

“La racionalidad occidental no pudo soportar

con éxito la violenta mentalidad creativa

tercermundista”

En la casa de Pierrot se reunieron bajo muchos tragos en un bacanal intenso las soledades perdidas de Marcel, Matilde Leer más »

abril 4, 2010

¿A dónde se fue mi disciplina?


Me sobra tiempo, o mejor, se desatan pensamientos que me llaman a visitar sonidos, letras, o en otros casos oscuridades, los cuales a mi entender, a mi juicio, son llamados de mí yo suprainterior a dedicarme a mi destrucción. A pesar de esto me desenfreno a consumirme bajo la llama picante de una pantalla cibernética e infernal que me seduce con sus promesas de hedonismo, con su baile de millones de posibilidades, libertades que en fin son garrapatas que carcomen mi cacumen de una manera sutil e inteligente. Las tildes, cada vez que las visito, me evaden más. Desde que las dejé, porque conseguí otra novia llamada desorden, llora en los verbos pasados no queriendo consentirles su última silaba. Me duele, me duele mucho porque siempre lo he sabido, pero mi falta de voluntad camina por las introducciones de todos los libros que compro sin leer plus ultra de esas primeras hojas. Lo sé, lo deseo, pero no comprendo, no llega a mi poder la posibilidad voluntarista de no detenerme seis horas sin pensar en los millares de componentes desconocidos de seres y cosas extraordinarias, a la hora de descifrar una teoría de complejidad absoluta, el cual es un cosmos de estrellas que, con mis telescopios uno punto veinticinco debo comprender. Por mi cabeza pasa el término de comprensión y, sin relacionarlo con el término disciplina no lo puedo entender. No existe ritmo que pueda dominar con facilidad, cada ritmo de descubrimientos sistemáticos me toma demasiado tiempo en componerlo porque la energía necesaria para dicho estadio es equivalente a dos generaciones de mis ancestros intentado desviar el peso de la dialéctica histórica. Al parecer existen hilos invisibles que atraviesan la medula de los hombres de ésta familia, los cuales, ante caderas anchas y carnes humeantes segregan hormonas sexuales que destruyen cualquier posibilidad de controlar y manipular el curso de la evolución de esta familia en la historia. Yo tengo plena certeza de que mis posibilidades de lograr romper este mito mestizo se reducen cada día que corre al intentarlo, pero a pesar de ello, continuo con terquedad porque aparecen nuevos enigmas que me hacen pensar que estoy próximo a lograr mi meta. Entre esos enigmas esta el presente mundo que tenemos, usted y yo, en las manos, en mis manos que son las manos que usted piensa en este instante, pero que en este momento son las manos desconocidas para usted que yo uso para que usted pueda pensar en mis manos. Suena paradójico y complexo, no deseo explicárselo pues, de pare, sería un irrespetuoso trato de gusano que no considero sea apropiado para usted, si usted es un humano comprenderá que tal vez, si no llega a entender mi problema -que es bastante pesado y terrible-entonces el concepto de humanidad se desbaratará. ¿Qué puede decirme de mi humanidad?, yo le hablo a usted sin saber quien es, mientras que en altoparlante suena una oda para Napoleón de Shöenberg, sin que tenga la posibilidad mediática de transmitir a usted todo mi enredo sentimental y racional, entremezclado en un ámbito de subjetividad profunda. Y usted, ¿Quién es? Vea pues, no tengo disciplina, me he desviado de lo que buscaba, o tal vez mi problema es que no buscaba nada, que mi herencia es estar preparado para la nada, para vivir con angustia, enamorado de la muerte, de aquellas mujeres que por dinero me rompen el tiempo y el espacio que los morales me construyeron para pensar en que soy un transgresor. Sin embargo insisto, ¿Quién es usted?, señor, señorita, o quizá homosexual, sepa usted que siento odio hacia los maricas, contra eso si no dudo en acabar en mí puesto que ando en este momento ocupado en exterminar mi falta de voluntad. Yo no me lo imagino a usted. Lo veo a usted en mí, considero que sus respuestas están limitadas a todo lo que sé, a lo que conozco, lo que aprendí. Es decir, tengo un arma en mis manos con las cuales lo abrazo a usted y lo hago sentir acompañado a pesar de que no existo, solo existo para mí y me hago compañía en soliloquio. Sabe quisiera conocerla, es para mi vital su existencia para sacarme de este peligroso mundo con el cual puedo destruirlo, la única forma de salvarnos es que usted aparezca. Yo voy introducido en este papel, el cual, a través de todo lo que su memoria guarda comprenderá como un usted, como si usted hubiese escrito esto y quisiera conocer la forma en que lo hizo conociéndome a mí. Lo invito, te invito mujer, los invito a unos tragos, a que me ayuden a comprender el por qué de mi dispersión, el por qué de mis deseos apagados por piernas mulatas, por sonatas frigias y relucientes movimientos. ¿Le gusta la idea de que sin conocernos nos sentimos bien, de que de alguna manera al usted leerme siente un atracción de cómo terminara mi forma de atraerlo hasta le final en el que usted terminará por oprobiarme y dedicar unos cuantos segundo a manifestar su inconformidad con el final que le realizo a este texto? Déjeme decirle que siento que hemos sido criados para no conocernos, al menos no en la modernidad, somos hechos para ser edipos, para retornar a nosotros mismos sin cesar, a buscar a los demás para buscarnos a nosotros mismos, para ocultar en el verbo Yo la falsedad del Nosotros, la mentira del Ellos y la irracionalidad del Eso. Podría yo manifestar, ¿Wer du bist?, usted probablemente no me comprenda -a menos que pertenezca a la élite conquistadora- y se desligue de este contexto español, mestizo y homogéneo que me compromete como latinoamericano, como piel morena que se quiere broncear aún más con las ondas producidas por la televisión, que desea sobrevivir a la aplastante rapidez de la modernidad, la cual está próxima a chocar, significando esto nuevas guerras verbales, nuevas lenguas y formas de entendernos. Adiós. ¿Ahora, sabe usted donde está mi disciplina?

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